Testimonios

Mi amiga Àngels dice que todos tenemos en nuestro interior la paz y calma que necesitamos, aunque muchas veces el día a día y nuestras circunstancias hacen que nos olvidemos. El Bowspring hace que esa calma fluya hacia el exterior, me aporta tranquilidad y seguridad, y me permite cambiar la perspectiva que tengo de las cosas, de encontrar la mejor manera de afrontar las situaciones que vivimos y de saber que voy por el buen camino en mi mejora personal, profesional y espiritual. Durante una sesión de Bowspring me concentro en mí, en mi potencialidad, en conseguir el bienestar que necesito para aprender a ser mejor, a sentirme mejor y hacer que los demás también se sientan así.

Practicando Bowspring me esfuerzo, mejoro mi autoconocimiento, me activo y me relajo me emociono y agradezco esa conexión tan profunda que se genera haciéndome sentir afortunada. Gracias Joan por este regalo tan bonito que me hiciste. Gracias Juan Ramon por tu acompañamiento.

Marilena Campos. Palma

Lo más significativo que me está pasando es que mi cuerpo está cambiando de forma (y creo que cambiará más ya que solo llevo seis meses practicando). He perdido cintura y he ganado amplitud de pecho y hombros, noto mi abdomen más fuerte, pero también más relajado. Me siento más fuerte y más ligero, y también he perdido un poco de peso.Otros beneficios a nivel físico que he notado: mejora en mi “higiene” postural en mi vida diaria, más fuerza en brazos y piernas, mejor tono muscular y mejora de molestias cervicales que solía tener.

A nivel mental y emocional me encuentro mejor, tengo más capacidad de concentración, aunque creo que es un ámbito de la práctica que requiere más tiempo para notar más beneficios, y yo solo llevo 6 meses.

Joan Llabrés. Marratxi

Hace ya casi 3 años que practico Bowspring. Lo descubrí por casualidad: llegó un día a mi clase de yoga una nueva profesora y nos sorprendió hablando de un mundo de curvas y fascia, de “corazón radiante”, “alas y raíces”. Me acuerdo todavía del asombro de la primera clase, de extrañarme de que nos pidiera empujar nuestras inglés hacia atrás y de la concentración que necesitaba para seguir las precisas instrucciones que nos daba. También me acuerdo de que no sentí dolor al día siguiente, aunque hubiera realizado diversas posturas apoyándome sobre las manos – hecho inédito desde que me lesioné un hombro unos 10 años atrás.

¿Qué me ha aportado el Bowspring? Es difícil saber por dónde empezar. Quizás lo más evidente y más inmediato ha sido poder vivir sin el dolor constante que se había vuelto la norma en mi vida. Cuando empecé el Bowspring también había empezado a ir al quiropráctico para tratar mi hombro pero notaba que necesitaba alguna práctica para consolidar esos efectos. No podía ni cargar con una bolsa un poco pesada con el brazo derecho y a veces incluso me dolía el hombro al darles la mano a mis hijos en la calle. Con el dolor, desapareció mucha tensión, de la cual ya ni me daba cuenta. También desaparecieron dolencias más anecdóticas pero que eran recurrentes: pérdida de apetito de unos días, puntos dolorosos en el costado derecho, mareos, miedo a las alturas… Y, finalmente, aunque los patrones no se van de un día para otro, me es ahora más fácil mantener una postura más saludable y abierta.También he encontrado que el Bowspring tiene un efecto sanador a nivel emocional. Me siento más tranquila, más valiente, más libre desde que practico. El primer año, me ponía a veces a llorar después de las sesiones, sin razón evidente, como para descargar emociones y liberarme de antiguas heridas. Así, el Bowspring tiene la fuerza que tiene el yoga, de trabajar a la vez cuerpo, mente y corazón, con una dimensión a la vez física y espiritual, pero, me parece, de forma más dinámica, más alegre y más natural.

Me gusta además que sea tan sencillo que se puede practicar a cualquier edad y con cualquier condición física: se fundamenta sobre una serie de acciones que se encuentran después en todas las posturas, desde simplemente estar de pie a posturas más avanzadas.Por eso, aunque lleves tiempo practicando, puedes ir a una clase de principiantes y no aburrirte nada porque siempre hay aspectos que descubrir y profundizar, hasta en las acciones más básicas. En tres años, nunca me he hecho daño y siempre he salido feliz y apaciguada de las clases. Por supuesto hay veces que mi cuerpo “fluye” más y que me siento ligera como una pluma y otras en qué me siento más limitada por el cansancio o por tensiones diversas y la práctica es más laboriosa. Pero al final, siempre me siento mejor.

Y después de tres años sigo descubriendo cosas y progresando. No es tanto un progreso externo, de darle una forma más “perfecta” a una postura, o a realizar posturas más avanzadas, sino más bien un progreso interno, de tomar conciencia de pequeñas resistencias en el cuerpo o en la mente y soltarlas, de “entender” de repente una postura que llevabas meses o años realizando pero sin acabar de habitarla. Y eso es otro aspecto que me gusta en el Bowspring: no tienes que buscar una forma, imitar a alguien, sino que se entiende que todos los cuerpos son diferentes y que se tiene que sentir por dentro. Para acabar con este ya largo testimonio, puedo decir que el bowspring es una práctica que, simplemente, ¡me hace más feliz! Por eso me gustaría acabar dando las gracias a Desi Springer i John Friend por haber desarrollado y enseñado esta práctica.

Aghate Napoly. Palma

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